jueves, 27 de octubre de 2011

Vivir y dejar vivir

Publicado 27/10/2011
OPINIÓN
El primer ministro condujo a Israel a la rendición
Alegría sí, orgullo no



Dicen que en Israel tenemos que estar orgullosos por el desenlace de la historia de Guilad Shalit. Yo no estoy orgulloso.
Estoy, sí, alegre de que haya vuelto a casa. A fin de cuentas, soy padre y abuelo. ¿Pero orgulloso? No; no.
No estoy orgulloso de que Israel se haya inclinado una vez mas (y van...) ante el terrorismo. Que haya aceptado sumisamente todas y cada una de sus exigencias.
No estoy orgulloso de que quien haya liderado esta rendición sea el primer ministro que yo voté por sus posiciones firmes respecto a la seguridad e integridad del Estado. No estoy orgulloso de que el primer ministro, en vez de liderar, se haya sometido a la presión de una opinión pública moldeada por una prensa uniformemente alineada con un lado de la politica israelí. No el suyo. (O, como Sharón desterrando a los pioneros de Gush Katif; como Olmert ofreciendo a Abu Mazen Judea, Samaria y Jerusalén, lo haya hecho para aliviar la presión que esa prensa estaba haciendo caer sobre sus hombros por otros motivos).
No estoy orgulloso de que nuestro sistema judicial, siempre pronto a defender sus fueros y su independencia ante cualquier amago de disenso por parte de elementos religiosos o nacionalistas, se haya dejado pisotear, haya permitido que sus sentencias sean anuladas por el Poder Ejecutivo, y lo haya hecho con gusto, rechazando con premura toda apelación de las víctimas del terrorismo.
No estoy orgulloso de mi Poder Legislativo, que no realizó ninguna discusión seria sobre el tema. Nada. Cero. Nothing. Como si no existiera. Pero a la hora de cobrar los sueldos, que yo les pago, están todos como un solo hombre.
No estoy orgulloso de que me quieran tomar por tonto. De que me quieran hacer creer que uno de los ejércitos más poderosos y temidos del mundo no tenía una opción militar para liberar a Guilad. Que uno de los Servicios de Inteligencia más refinados -si no el más refinado- del orbe, capaz de mantener al mandamás del Líbano Hasan Nasrala confinado en un bunker porque sabe que
si asoma un pelo afuera es hombre muerto; capaz de identificar, hallary eliminar en pocas horas aun terrorista con una precisión que prácticamenteanula los daños colaterales, no sabía donde estaba el soldado a escasas 20 cuadras de la frontera.
No estoy orgulloso de un público israelí que, a falta de ideales, necesita ídolos. Que idolatra en la TV a jóvenes para quienes (tomando una frase del director de Aurora José Danor, con quien pocas veces coincido) vale más cantar de noche que trabajar de día. A chefs amateurs cuyos platos nunca probó ni probará.
Guilad fue un ídolo durante cinco años, fruto de una concienzuda y muy cara (¿quien la pago?) campaña publicitaria.
Y no digo que la meta de esa campaña no haya sido meritoria. Pero por Jonathan Pollard (foto) -claramente alineado con la derecha israelí- no se realiza un esfuerzo de tal magnitud. Ni por Iehuda Katz, Zajaria Baumel y Tzvi Feldman, cuyos nombres hoy nadie recuerda, y que es posible que estén languideciendo, hechos piltrafas humanas, en algún país árabe. Igual que Ron Arad.
No estoy orgulloso de que mis conciudadanos árabes, cuyo nivel de vida y libertad no se compara con ningún estado de la región -y ellos lo saben- hayan salido a festejar la liberación de asesinos cuya meta es la destrucción del país en el que viven.
No estoy orgulloso de las multitudes de bobos que viajaron a Mitzpé Hilá para tratar dever aunque sea por un instante a Guilad, carentes de un mínimo respeto por su salud mental tras más de cinco añosenterrado vivo, y por la privacidad de su familia y vecinos. Como niñas de 15 persiguiendo a Justin Bieber.
Deseo a Guilad y su familia un pronto regreso a la rutina, esa rutina que tanto menospreciamos, pero que es nuestra vida misma. Me alegra el fin de la tragedia; no el camino que se eligió para llegar a ese fin.
Como decíamos en la vieja patria: estoy contento. Jodido, pero contento. Ruego a Dios que no ocurra que como consecuencia de la liberación de criminales, quede solamente jodido.
Dr. Alejandro Yabes,
Bet Shemesh

No hay comentarios: